Escuela de Arte y Superior de Diseño Gran Canaria

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
Home

Textos para la PAU. Para estar informado.

E-mail Imprimir PDF
EDITORIALLenguaje sexistaLa Real Academia denuncia los excesos de las guías, pero debería hacer más por la igualdad 11 MAR 2012 - 00:07 CET Diferentes entidades y organismos públicos han elaborado en los últimos años diversas guías para evitar el uso sexista del lenguaje. El informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, aprobado por 26 miembros de la Real Academia Española, analiza varias de estas guías y sale al paso de lo que considera una deriva peligrosa: la pretensión de imponer un lenguaje políticamente correcto que evite determinadas estructuras muy arraigadas de la lengua, en favor de formas artificiosas destinadas a hacer visibles a las mujeres.Estos manuales son el resultado de un proceso de reflexión sobre el efecto que el uso sexista del lenguaje tiene en la perpetuación de valores y estereotipos que perjudican los objetivos de igualdad de la mitad femenina de la población. Someter ese uso sexista a revisión es una pretensión absolutamente legítima. Otra cosa es el acierto de las propuestas que se formulan para evitarlo. Es cierto que algunas de las recomendaciones contenidas en estas guías son extremas y resultan imposibles de aplicar porque atentan contra reglas básicas como la economía del lenguaje. Cualquier imposición que suponga violentar la libertad de los hablantes está condenada al fracaso. Pero, como reconoce de forma enfática el propio informe, el le a los Gobiernos. Muchas de ellas fueron hechas por periodistas. En 2008, la reportera freelance nguaje es fruto de una historia marcada por una visión androcéntrica del mundo que ha discriminado a las mujeres y las ha condenado a la invisibilidad. Bienvenida sea la Real Academia al debate de una cuestión que hasta ahora había ignorado. Es de esperar, además, que en adelante aplique esta nueva sensibilidad en sus revisiones de la lengua para señalar los usos que considere sexistas y hacer sus propias recomendaciones al respecto.Tiene razón, en cualquier caso, la Real Academia al subrayar los excesos y las torpezas incluidos en estas guías para dar visibilidad a la mujer, y que conducirían, si se aplicaran rigurosamente sus prescripciones, a un habla impostada y ficticia, amén de dificultar la comunicación. Su certero diagnóstico sería mejor entendido si los sillones de la RAE dejaran de ser patrimonio casi exclusivo de los hombres. En tres siglos de historia apenas ha tenido siete académicas. Y entre sus 46 miembros, ahora mismo solo hay cinco mujeres. En sus manos está corregir tan inaceptable desproporción y hacer que, cuando utilicemos el término académicos, ese masculino plural actúe de verdad como género no marcado que incluye de verdad tanto a los hombres como a las mujeres.         Mentir no es cienciaAlgunos científicos consiguen el Premio Nobel con las investigaciones de sus subordinados EL PAÍS 11 MAR 2012  Las maniobras más dañinas para la ciencia no son las más evidentes —fraude o manipulación—, sino las que llevan tanto tiempo enquistadas entre los radios del sistema que se han vuelto invisibles. Una de ellas consiste en ignorar al descubridor para atribuir a su jefe el descubrimiento. Por lo conocido esta semana, la práctica ya era corriente hace 60 años, cuando se concedió el Premio Nobel de Medicina al norteamericano Selman Waksman por el hallazgo de la estreptomicina; y lo seguía siendo hace unos meses, cuando se le otorgó al francés Jules Hoffmann por el esclarecimiento de la inmunidad innata, la clave hacia una generación radicalmente nueva de medicamentos antimicrobianos. En ambos casos, el trabajo y las ideas de los jóvenes investigadores que diseñaron y ejecutaron los experimentos —Bruno Lemaitre en el caso del francés— fueron usurpados por sus jefes, Waksman y Hoffmann, que acabaron recibiendo la mayor distinción científica por unos avances que ni habían previsto ni ayudaron a conquistar; unas investigaciones a las que se habían opuesto, y que ni siquiera conocieron hasta que llegó la hora de estampar su firma en el artículo y dejar que su nombre sonara en Estocolmo.Son habituales y hasta esperables las polémicas por la concesión de los Premios Nobel. Resulta dificultoso y, a veces, imposible reducir a un nombre propio los créditos de una investigación compleja en la que han intervenido varios laboratorios, por lo general compitiendo entre sí. Una opinión extendida, que se ha vuelto a oír estos días en apoyo de Hoffmann, sostiene que estas rencillas no son más que producto del resentimiento de los malos perdedores, y que aventarlas en la prensa solo sirve para manchar la imagen de la ciencia ante el público lego.Pero estos casos son de naturaleza distinta a las rencillas habituales. Que un jefe usurpe el mérito de un joven científico de su propio laboratorio no es una disputa por la prioridad, sino una vileza. También es una mentira, y un tipo de comportamiento incompatible con la ética científica y su compromiso con la búsqueda de la verdad. Premiarlo con un Nobel ya parece un sarcasmo. Y silenciarlo es justo la receta para que se perpetúe, dañando no ya la imagen de la ciencia, sino los mismos principios que la hacen avanzar.    EDITORIALFrustración juvenilEl paro y la precariedad laboral de los jóvenes es una pérdida irreparable también para el país EL PAÍS 11 MAR 2012 - 00:08 CET El desempleo y la extraordinaria precariedad laboral que sufren los jóvenes españoles son síntomas de un fracaso colectivo que no solo empobrece a los afectados. La falta de perspectivas laborales y, por tanto, vitales es un drama español de carácter endémico que la crisis y la actual recesión han agudizado hasta extremos insostenibles. Las estadísticas son inapelables, pero detrás de ellas hay nombres y apellidos, historias de desesperanza de jóvenes que ahora perciben inalcanzable un empleo que siquiera roce los mil euros; de ahí la serie que inicia hoy este periódico bajo el lema de "nimileuristas".La tasa de paro juvenil ha escalado a un ritmo acelerado en los últimos cinco años hasta el 49,9%, lo que supone duplicar la media de la Unión Europea. Pero, además, la mayoría de los que logran acceder al mercado laboral ni siquiera obtienen las condiciones y los salarios adecuados para poder iniciar por su cuenta un proyecto de vida independiente. Tampoco para poder participar en el sistema productivo con la dignidad que se corresponde con los principios fundamentales que aprendieron en la escuela y con la que merecen los ciudadanos de un país democrático del mundo desarrollado.La ausencia de políticas activas de empleo y los insuficientes intentos de modificar los patrones de crecimiento se han venido a unir a una crisis económica devastadora en términos de desempleo. El empobrecimiento general de la población con el recorte masivo de ingresos está perjudicando de manera inmisericorde a los más jóvenes. A ellos van destinadas las ofertas —crecientes— de salarios miserables y extensos horarios. En un contexto de elevado desempleo y de incertidumbre laboral, emolumentos en negro y trabajos sin ningún tipo de derechos empiezan a ser moneda corriente entre esos jóvenes, muchos de ellos con estudios universitarios, que ven cómo se truncan sus expectativas mientras asisten al obsceno espectáculo de un reparto cada vez más desigual de la riqueza. Durante la crisis, la brecha salarial entre directivos y empleados no hace más que crecer, como demuestra la encuesta de estructura salarial del INE; un fenómeno que no es exclusivo de España.El 89% de la población española considera que la situación económica es mala o muy mala, lo que marca un récord de pesimismo que, como un círculo vicioso, es, a su vez, un lastre para el sistema. La misma encuesta del CIS que refleja esta negativa percepción ciudadana demuestra que aumenta el número de españoles dispuestos a cambiar de ciudad e incluso a cruzar la frontera para conseguir un puesto de trabajo. Hay informes que hablan de hasta 300.000 jóvenes que habrían emigrado desde el inicio de la crisis, dilapidando así en beneficio de otros todos los conocimientos que España puso a su alcance. Esa falta de perspectivas es un peligroso caldo de cultivo para el conflicto social y una pérdida irreparable para todo un país. EL ACENTOLa ‘Britannica’ pierde pesoLa Red parece concebida para facilitar, a golpe de clic, todos los conocimientos enciclopédicosEL PAÍS 18 MAR 2012 - 00:03 CET La Enciclopedia Británica dejará de publicarse en papel. La noticia se conoció el martes pasado y, para gran parte de los expertos que se pronunciaron, resultaba previsible: la Red parece concebida para facilitar, a golpe de clic, todos esos conocimientos que un día de 1768 tres amigos decidieron, en Edimburgo, recopilar y ofrecer a quien quisiera conquistar la sabiduría de todas las cosas. Ese viejo proyecto de la Ilustración de saberlo todo resulta incluso extravagante en un mundo en el que, a través de distintos soportes tecnológicos, basta apretar un botón para acceder a cuanto se quiera conocer, por ejemplo, sobre las marmotas, los neutrinos, los blues de Muddy Waters o Uqbar, aquel legendario lugar que Jorge Luis Borges descubrió en la undécima edición de la Británica, que siempre consideró una obra maestra de la literatura.La última vez que este colosal invento apareció en papel fue en 2010: 32 volúmenes que pesan unos 60 kilos y que ocupan varios metros de cualquier biblioteca. ¿Cómo mantener esa proeza si a cualquier enciclopedia de las que circulan por Internet se puede acceder a través de un móvil en cualquier remoto villorrio y en cualquier momento del día, llueva, truene o haga un sofocante calor?Inmediatez y total disponibilidad: esos dos conceptos que forman parte del paquete de facilidades que ofrece la Red son letales para las llamadas obras de referencia, todas aquellas a las que se acude para hacer una consulta: ¿para qué voy a cargar con toneladas de papel si puedo llegar al mismo sitio dando el salto al mundo digital? Las viejas ideas asociadas al saber, como algo que se va acumulando, que viene bien memorizar y que sirve como cimiento desde el que abordar cualquier otra práctica empiezan a pasar velozmente a la historia.Una de las mejores marcas que resumía esa manera de ver las cosas ha sido hasta ahora la Enciclopedia Británica: conocimientos contrastados, rigor, una buena escritura (que ya iba perdiéndose). Hoy, cualquier hipótesis que tenga que ver con acumular, memorizar o forjarse unos cimientos suena a caduca. Sea como sea, era lógico que la Britannica perdiera peso. En la Red le toca promocionar y salvar su espíritu: conocer es una tarea apasionante.        RetazosDifamemos, que algo queda| 15/marzo/2012Que la envidia y la calumnia en España son el llamado “deporte nacional” es algo reconocido por casi todos. Y la envidia suele generar maldad, que deviene de la frustración que crea, en las almas ruines, burdas y mediocres, la imposibilidad de alcanzar lo que otro posee o detenta, casi siempre en el ámbito de lo inmaterial, porque hay que ser muy zote para considerar lo material digno de tanta bajeza. Y porque, además, como decía el propio Napoleón Bonaparte en sus diarios, la envidia y las vilezas que conlleva son la declaración jurada de la propia inferioridad.La calumnia y la difamación suelen ser las armas rudimentarias del envidioso y el malvado. Y suelen ser el modo con que personas, grupos u organizaciones consiguen vilmente medrar en base al desprestigio ajeno, del cual se nutren. Y traigo este asunto a colación porque en los últimos días me he encontrado casualmente con un paralelismo en estos términos, y en dos ámbitos bien distintos: el de las relaciones humanas y el de la gestión política. Y, aunque nada tienen que ver en concreto el uno con el otro, me parece acertado exponer tal paralelismo como modo de hacer ver que, en el fondo, lo que ocurre en política no es otra cosa que la extrapolación en el terreno público de las grandezas y de las miserias privadas del ser humano.Algunas personas, en los últimos días, me hacían partícipe de unos hechos vergonzosos relacionados con una mujer que, aun siendo ajena para mí, me rememora lo peor del género humano y de la miseria de esa España profunda que aún habita en ciertas mentes y ciertos lares. Llamémosla Bernarda, por ponerle nombre simbólico que nos recuerde, como a Lorca, la mayor de las arideces e infertilidades del corazón humano. Pues bien, esta tal Bernarda, se dedica, desde hace tiempo, a emitir graves calumnias y acusaciones falsas contra algunas buenas personas de su entorno con el único objetivo de hacerles daño; contra esas personas que representan el talento, la cultura, la bondad y la brillantez que no soporta ver de cerca, quizás porque le recuerden su propia vulgaridad; y lo hace no sólo ignorando el grave perjuicio que produce, sino deleitándose, disfrutando y alimentando con él sus propias carencias humanas, personales, morales e intelectuales.La táctica es siniestra, sencilla y devastadora: difamemos, que algo queda, decía Voltaire denunciando a los maledicentes. Murmuremos, emitamos mentiras que empañen la reputación del que odiamos porque su brillantez nos recuerda nuestra propia mediocridad, y su grandeza nuestra propia pequeñez. Inventemos infundios, ruindades e infamias que, aunque no sean ciertas, en algunos generará la duda, y conseguirán que la reputación de la víctima decaiga en nombre de falsedades y maledicencias. Y hagámoslo con disimulo, a las espaldas de la víctima. La maldad nunca mira de frente a los ojos, sino que se esconde tras las manos sucias del murmurador, quien se hace experto en la cobardía suprema de lanzar la piedra y esconder la mano, de generar conflicto y alejarse de él.En táctica similar, pero en la escala de lo público, estamos presenciando una evidente campaña de desprestigio contra los sindicatos por criticar la reforma laboral del gobierno neoliberal. Por recordar sólo unos ejemplos, se ha vertido desde los medios afines al gobierno una información sobre un supuesto ingreso dinerario desproporcionado del líder de UGT-Madrid. A la vez, se descubre que una humilde trabajadora rural que arremete en un programa televisivo contra Cándido Méndez, era en realidad una infiltrada del Partido Popular cuyo objetivo era desprestigiar al líder sindical. El diario La Razón, para variar, manipula de manera descarada información relativa a la financiación de los sindicatos para que llegue adulterada a los lectores.Afirmaba La Razón que la Iglesia recibe 39 euros de cada español y los sindicatos 69 euros, datos del todo falsos; pero no explicaba que la primera cifra proviene de dividir entre 45 millones de españoles, y la segunda entre 400.000 sindicalistas; y no especificaba que esos 39 euros son en realidad 200 euros de cada español, sea católico o no, si se tienen en cuenta todos los beneficios dinerarios, sólo oficiales, que obtiene de los españoles).La lucha sindical es la responsable primera de grandes avances democráticos desde principios del siglo XX. Jornadas laborales, salarios dignos, vacaciones, bajas por maternidad, prevención de riesgos, mejora de condiciones laborales…, probablemente sin los sindicatos estos logros no se hubieran conseguido. La derecha no pretende transparencia en los sindicatos, sino acabar con ellos; como la tal Bernarda no pretendía informar a nadie sobre nada, sino difamar para tapar el talento y los valores de las personas objeto de su infamia. Ambos casos representan el símil de esa España cotilla, negra y profunda que, por desgracia, aún perdura. Aunque sus desvelos sirvan de poco o nada, porque la derecha se define con sus infamias, y la tal Bernarda se define con las suyas propias. En cuanto a las víctimas de la difamación, no viene mal recordar a Platón, quien decía que “…Tan honroso es ser alabado por los buenos como lo es ser calumniado por los ignorantes o los canallas”.Coral Bravo es Doctora en Filología        El hombre que gritó putaGallardón regala metáforas de altos vuelos, como "violencia estructural" para hablar del aborto 

ELVIRA LINDO 11 MAR 2012

Es un clásico. Tan viejo es, que hasta pereza da encarar el asunto. Cuando a los ultraconservadores se les acaban los temas estrella, que en EE UU consiste en prometer que se adelgazarán las ayudas del Estado para que los pobres sientan que son más libres y que ninguna autoridad se entromete en sus miserables vidas; cuando ya han conseguido una vez que la América más cazurra comulgue con el cínico discurso de la libertad, entonces, se ponen sentimentales y se sacan el último conejo de la chistera: el derecho a la vida. Ese es el momento en que los políticos se convierten en abrazaniños y los mítines finalizan en un delirio de himnos, confetis y bebés que pasan de un brazo a otro. Sorprende que un imperio en crisis dedique tanta energía a la vida íntima de las mujeres, pero así es. El presidente se desvela ante la posibilidad de una guerra con Irán y por ahí andan a bastonazos los mosqueteros del republicanismo negándose a que la planificación familiar se incluya en los seguros médicos. Hubo una portada genial de la revista New Yorker en la que se veía a Obama, partido de risa, viendo la final de la Superbowl. En la imagen no aparecían los jugadores reales, sino estos tres líderes de la América carca dándose de hostias como en un cuadro de Goya. La viñeta tenía su enjundia. Es cierto que en este país, dividido en dos, hay un componente fanático, pero también lo es que si los candidatos se pasan de rosca, pueden asustar al votante republicano más moderado.Eso sucedió cuando el tal Santorum tuvo la ocurrencia de defender la desaparición de las escuelas públicas: “¿Por qué hemos de someter a nuestros niños a la educación del Estado?”. Miedo dan. Miedo porque de todo el catálogo de ideas que exportan nosotros solemos comprar lo más detestable. Como suele ocurrir, cuando la derecha no se atreve a decir una barbaridad, la pone en boca de un periodista. En este caso le tocó a Rush Limbaugh, un predicador del republicanismo, que se considera a sí mismo un creador de pensamiento. Tan inspirado estaba una mañana el señor Limbaugh con su discurso rabioso a favor de la vida que a Sandra Fluke, estudiante de Georgetown que había defendido el derecho a la asistencia ginecológica, la llamó, sin más, puta, sin eufemismos, puta, sin cortarse un pelo, como suena, y engolfado ya en su ataque animó a la señorita Fluke a grabar sus encuentros sexuales en vídeo para que el contribuyente disfrutara al menos de sus escarceos amorosos que paga con sus impuestos.Yo no creo que el señor Limbaugh dijera algo distinto, en esencia, a lo que piensan muchos republicanos, su error fue expresarlo con palabras que aquí están proscritas. Como resultado de llamar puta a una joven que apoya el plan de Obama de incluir la planificación familiar en la asistencia médica, algunos anunciantes, asustados por el tono, retiraron los anuncios del programa. Y Limbaugh, pobre, tuvo que pedir disculpas. La señorita Fluke, por su parte, ha impartido una sabia lección al batallón de señores henchidos de razón que imaginan que al ginecólogo solo se va cuando se tienen interesantes perspectivas sexuales en mente y que la píldora anticonceptiva solo se toma para la consecución de dichas perspectivas. Está claro que, por un lado, es un tema que a estos individuos no se les va de la cabeza un segundo, y que, por otro, no comparten demasiado con sus esposas el amplio abanico de razones por los que una mujer visita al médico. Sus esposas. Ese es otro asunto interesante: un tanto por ciento elevadísimo de las mujeres que votan republicano han admitido servirse de algún tipo de método anticonceptivo. El célebre Ogino, por cierto, no estaba entre los citados.Miedo me da, ya digo. Los españoles acabamos comprándoles todo. Quién nos dice que en el futuro un político, cargado de razón y falto de ideas para acabar con la crisis, no suelta por esa boca que la que quiera juerga que se la pague. No lo dirá así, claro, envolverá su discurso en eufemismos, pero tendrá algún predicador en la tele o en la radio que le haga el trabajo sucio. De momento, ahí andan sus señorías a vueltas con el aborto, con el ministro Gallardón regalándonos metáforas de altos vuelos, como esa de “la violencia estructural” que aboca a las mujeres al aborto. Pues sí, no están los tiempos como para tener hijos. De cualquier manera, algunos se atreven y los tienen y, a pesar de la violencia estructural, los sacan adelante. Pero el aborto siempre ha existido, con estructural violencia o sin ella, y lo mínimo que se puede hacer es regularlo de la manera más segura posible y dejar a las mujeres que decidan sobre lo más íntimo de sus vidas.Estoy convencida de que esto, tal cual, lo entiende Gallardón, pero en su posición de ministro se debe a unos votantes que nunca le han creído demasiado fiel al ideario conservador y tiene que mostrar su pureza de sangre. El trabajo de alcalde le permitía nadar entre dos aguas. Ahora que no tiene más remedio que abordar asuntos como este se pone metafórico. Yo, al estilo Limbaugh, le veo una ventaja: la claridad. Tiene que haber por ahí un presentador valiente que traduzca el mensaje del ministro al lenguaje llano: las españolas deben volver a abortar a Londres. Como se ha hecho siempre.       El periodismo libre, en un texto inédito de Albert CamusLas autoridades francesas de Argelia lo vetaron en 1939, durante la Segunda Guerra MundialEs un manifiesto del autor de 'La peste' a favor del periodismo libre en tiempos de conflictoFue encontrado en los Archivos de Ultramar de Aix-en-Provence MIGUEL MORA París 16 MAR 2012 - 17:24 CET18, El País  El 25 de noviembre de 1939, cuando Francia empezaba a gangrenarse por el miedo a la invasión alemana y sus élites políticas y periodísticas se disponían a entregarse sin pudor al III Reich, Albert Camus escribió un artículo para Le Soir républicaine, el periódico de una sola página a dos caras del que era codirector en Argel. En Francia regía la censura, y el texto no llegó a publicarse nunca. Lógico, porque en apenas tres folios el autor de El extranjero bordaba un alegato por la libertad de prensa. Al defender la utilidad del oficio de informar en tiempos de guerra, Camus sostuvo el derecho de cada ciudadano a elevarse sobre el colectivo para construir su propia libertad, y definió los cuatro mandamientos del periodismo libre: lucidez, desobediencia, ironía y obstinación. Son, casualmente, los puntos cardinales que inspiraron su obra novelesca y filosófica.El espléndido texto ha salido del agujero negro del tiempo gracias a una colaboradora de Le Monde, Macha Séry, que lo encontró en los Archivos Nacionales de Ultramar (Aix-en-Provence). El diario vespertino lo publicó este jueves en sus páginas culturales, y en el Salón del Libro de París todos hablaban del artículo y del último libro de Michel Onfray,El orden libertario, que traza una comparación entre Camus y Jean-Paul Sartre especialmente odiosa para el segundo.“Es difícil evocar hoy la libertad de prensa sin ser tachado de extravagancia, acusado de ser Mata-Hari o siendo convencido de que eres sobrino de Stalin”. Así empieza el artículo, que enseguida sienta su tesis: la libertad de prensa “es solo una cara más de la libertad tout court”, y la “obstinación en defenderla” obedece a que, sin ella, “no habrá forma de ganar realmente la guerra”.Camus aborda la injusticia de que los grandes medios nacionales pudieran publicar en aquellos meses artículos que en los diarios de ultramar eran sistemáticamente censurados. Y escribe: “El hecho de que un periódico dependa de la competencia o del humor de un hombre demuestra mejor que cualquier otra cosa el grado de inconsciencia al que hemos llegado”.Con la sobria sagacidad del clásico, prosigue: “Uno de los buenos preceptos de una filosofía digna de ese nombre es el de jamás caer en lamentaciones inútiles ante un estado de cosas que no puede ser evitado. La cuestión en Francia no es hoy saber cómo preservar la libertad de prensa. Es la de buscar cómo, ante la supresión de esas libertades, un periodista puede mantenerse libre. El problema no concierne a la colectividad. Concierne al individuo”.Los medios y condiciones para que un periodista independiente no pierda su libertad “ante la guerra y sus servidumbres” son cuatro: lucidez, rechazo, ironía y obstinación. La lucidez, porque “supone la resistencia a los mecanismos del odio de la ira y el culto a la fatalidad”. Según Camus, “un periodista, en 1939, no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar desesperanza. Todo eso está en su poder”. “Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia”, continúa Camus. “Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto”, decía. Y luego: “Es fácil comprobar la autenticidad de una noticia. Y un periodista libre debe poner toda su atención en ello. Porque, si no puede decir todo lo que piensa, puede no decir lo que no piensa o lo que cree que es falso. Esta libertad negativa es, de lejos, la más importante de todas”, ya que permite “servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas”, o “al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar: servir a la mentira”.La tercera condición para ser libres es la ironía: “No vemos a Hitler, por poner un ejemplo entre otros posibles, utilizar la ironía socrática”, escribe Camus. “La ironía es un arma sin precedentes contra los demasiado poderosos. Completa a la rebeldía en el sentido de que permite no solo rechazar lo que es falso, sino decir a menudo lo que es cierto”.Para cumplir lo anterior, la cuarta regla indispensable es “un mínimo de obstinación para superar los obstáculos que más desaniman”, a saber: “La constancia en la tontería, la abulia organizada, la estupidez agresiva”.¿Y después de la guerra?, acaba preguntándose Camus. “Hará falta probar con un método del todo nuevo que sería la justicia y la generosidad. Pero esto solo se expresa en los corazones ya libres y los espíritus todavía clarividentes. Formar esos corazones y esas almas, o mejor despertarlos, será la tarea a la vez modesta y ambiciosa que tocará al hombre independiente. La historia tendrá o no en cuenta estos esfuerzos. Pero habrá que hacerlos”.Quizá lo más fascinante del rescate es que, 73 años después, el manifiesto de Camus sigue teniendo toda vigencia, humana y periodística. Francia no está en guerra y no existe la censura, pero ahí está la actitud monárquica de sus gobernantes ante la prensa; la promiscuidad entre las clases política, empresarial y mediática, la uniformidad obediente y temerosa de tantos medios.En noviembre de 1939, Camus decía que los “artículos más valientes se publican en Le Canard enchaîné. En marzo de 2012 sigue siendo verdad. Como todo lo demás.        Justicia y zapatosEl 14 de diciembre de 2008, el periodista iraquí Muntazer al Zaidi lanzó durante una conferencia de prensa en Bagdad sus dos zapatos contra George Bush al grito de “¡Éste es tu beso de despedida, perro!”. El presidente no fue alcanzado. Pese a ser Irak por entonces un país ocupado por más de 100.000 soldados norteamericanos, con un Gobierno casi títere y sometido a EE UU, la condena inicial a tres años por “asalto a un jefe de Estado” fue reducida a un año por “insulto a un líder extranjero”. Al Zaidi fue liberado tras cumplir sólo nueve meses de prisión, denunciando torturas durante el encarcelamiento y convertido en un héroe para buena parte de sus compatriotas.El 22 de febrero de 2010, Hokman Joma, sirio de la minoría kurda en situación irregular en España, al grito de “¡Viva el Kurdistán, ladrón y asesino!”, lanzó un zapato contra el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, cuando salía del Ayuntamiento de Sevilla. Tampoco le alcanzó. Cuatro meses más tarde, fue condenado a tres años de cárcel y una multa de 408 euros por un delito “contra la comunidad internacional en su modalidad de atentado”. Han pasado dos años largos y sigue en la cárcel, casi olvidado.Los propios tribunales que se pronunciaron sobre el caso admitieron que la condena no guardaba proporción con el delito, pero que se veían obligados a imponer la pena mínima permitida por la ley. Quedaban dos opciones: la expulsión del país y el indulto. La primera fue rechazada por Joma, que alegó que su vida no valdría nada si era entregado a Siria, pese a que aún no se había producido el estallido de violencia que hoy desangra al país. La segunda, a la vista está, tampoco ha cuajado, y no es descabellado sospechar que en el Gobierno de Zapatero pesó menos la vocación humanitaria y el deseo de corregir un desajuste legal que el deseo de no molestar a Erdogan, su socio en la insustancial Alianza de las Civilizaciones.Según un informe del Centro de Investigaciones Sociológicas de hace un año, el 77,4% de los ciudadanos estaba poco o nada de acuerdo con la afirmación de que “la Justicia trata por igual a ricos o pobres”. El caso de Hokman Joma, resulta ilustrativo: juzgado y condenado con gran celeridad, sigue en la cárcel, en aplicación estricta de la ley y para descrédito de ésta.Rajoy tiene la oportunidad de enmendar la plana a Zapatero y, de paso, con el indulto, ponerse una medalla de progresismo como la que se ha colgado al rebajar el sueldo a altos directivos de entidades financieras cuya desastrosa gestión, en la que la ley no halla por ciertos indicios de delito, ha exigido la aportación de cuantiosas ayudas públicas y ha contribuido a la ruina del país.Cada día que Joma pasa en la cárcel es un gramo más en el platillo de la balanza del despropósito, y una prueba flagrante de que el zapato de un kurdo en España cuesta más caro que los dos de un iraquí en Bagdad.Luis Matías López. Del consejo editorial, Público.es, 29feb 2012  Público, Dominio público, Opinión a fondo, 15mar 2012 ¿Quién está dañando a España? Vicenç NavarroCatedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu FabraLa secretaria general del PP, la Sra. Maria Dolores de Cospedal, ha acusado a los sindicatos españoles de no ser patrióticos, al dañar a España convocando una huelga general. Tal acusación recuerda la definición que la dictadura franquista hacía de sus oponentes a los cuales llamaba “la anti-España”. Tal acusación refleja una enorme osadía y un gran desconocimiento del pasado y presente de nuestro país. Una representante del conservadurismo español debiera ser más cuidadosa en sus expresiones, porque existe evidencia contundente sobre el impacto negativo que el conservadurismo (que en el lenguaje popular se conoce como las derechas), tanto en su versión financiera y empresarial como política, ha tenido sobre el desarrollo económico y social de España.No es  por casualidad que los países de la Eurozona que están teniendo más dificultades son países como Grecia, Portugal y España, donde históricamente las fuerzas conservadoras han tenido más poder y gozado de mayor influencia en sus Estados. Las fuerzas conservadoras han gobernado en aquellos países durante la mayoría del periodo que va desde la II Guerra Mundial hasta hoy. Es cierto que tales países, gobernados por dictaduras conservadoras por largos periodos, en los últimos años han tenido experiencias democráticas. España, por ejemplo, ha gozado de democracia en los últimos treinta y tres años. Pero, la enorme influencia que las fuerzas conservadoras han continuado teniendo sobre el estado español explica las grandes limitaciones existentes en nuestra democracia, limitaciones que aparecen tanto en el sesgo conservador del sistema electoral, como en el escaso desarrollo del estado del bienestar.Los datos hablan por sí solos. Resultado de la enorme influencia de los conservadores en las esferas políticas (y también mediáticas), España continúa teniendo el gasto público social como porcentaje del PIB más bajo de la UE-15 (el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo que España). Tal porcentaje es el 22% en el caso de España, 24% en Portugal y 25% en Grecia. En Suecia, donde las fuerzas progresistas han gobernado por mayores periodos de tiempo, es casi el 30%. El promedio de la UE-15 es el 27%. Los recortes que el gobierno de la Sra. Cospedal está haciendo reducirá incluso más este porcentaje, manteniendo a España a la cola de la Europa social.España es también, junto con Grecia y Portugal, el país que tiene menos población adulta trabajando en el sector público, incluyendo en los servicios del estado del bienestar (tales como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales, entre otros). En España sólo uno de cada diez adultos trabaja en el sector público, el porcentaje más bajo de la UE-15, junto con Portugal y Grecia. En Suecia es uno de cada cuatro. Los recortes de empleados públicos, gasto sanitario y educación dañarán todavía más los escasamente dotados servicios públicos del estado del bienestar que atienden predominantemente a las clases populares.España, de nuevo junto con Grecia y Portugal, tiene también los ingresos más bajos al Estado de la UE-15. En España es el 32% del PIB, Suecia por el contrario tiene el 54% del PIB. Los bajos ingresos al Estado se deben en gran parte al enorme fraude fiscal que se concentra en las rentas superiores. Según los técnicos de la Agencia Tributaria Española el 72% de todo el fraude fiscal lo realizan las grandes fortunas, las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (que representan menos de un 0.12% de todas las empresas) y la banca. El fraude fiscal, que también es enorme en Grecia y Portugal, se debe al gran poder y complicidad que las fuerzas financieras y empresariales (más próximas al partido conservador) han tenido en el Estado. En realidad, el ex Presidente Aznar reconoció en su día que en España los ricos (cuya opción política preferente es el PP) no pagaban impuestos, frase que dijo (y que no estaba claro si lo hacía en tono de lamento o en tono de celebración) cuando presidió España. El hecho es que durante su gobierno disminuyó el número de inspectores de Hacienda y el fraude fiscal aumentó. Las reformas en la Agencia Tributaria y nombramientos hechos por el gobierno Rajoy actual no son esperanzadoras tampoco. Por cierto, el déficit de gasto público social de España (que financia los servicios públicos del estado del bienestar) referente al promedio de la UE-15 aumentó durante el periodo conservador 1996-2004.Basándonos en toda esta evidencia parecería razonable que la Sra. Cospedal fuera mucho más cuidadosa en sus declaraciones de “patriotismo y amor a España”, pues al hacer tal acusación a los sindicatos abrió una gran ventana de vulnerabilidades, puesto que han sido las fuerzas conservadoras las que han dañado más a España. Y continúan dañándola. La evidencia existente en la literatura científica es que las políticas impuestas por el gobierno del PP (y digo impuestas al no tener un mandato popular, puesto que no estaban en su programa electoral) están dañando y dañarán todavía más a la población española. Políticas encaminadas a reducir todavía más el gasto público y la protección social y a reducir los salarios (el objetivo más importante de la reforma laboral), retrasarán todavía más la recuperación económica, sumergiendo a España en una gran recesión, que para muchos españoles es ya una gran Depresión. Hoy, la economía española está en una gran recesión resultado del enorme endeudamiento de la población española, (consecuencia, en gran parte, de la disminución de las rentas del trabajo) y de la ausencia de crédito (como resultado de las actividades especulativas de la banca). De ahí que el sector privado no pueda reactivarse, siendo el sector público el que debiera estimular la economía. Los enormes recortes que está realizando el PP provocarán la depresión de la economía española.Cualquier estudiante de política económica y políticas públicas (que no esté contaminado por el dogma neoliberal dominante en los círculos económicos y financieros) sabe que en momentos de recesión hay que aumentar, y no reducir, el gasto público, que debe invertirse en crear empleo, lo opuesto a lo que el PP está haciendo. Estas políticas están dañando enormemente a España. Y la evidencia de que ello es así es contundente. Algunos lo estamos diciendo desde que la crisis se inició. Y ahora ya comienza a decirse por muchos otros. Todos los recortes que se han estado realizando no han servido para reavivar la economía española. Era fácil predecir que esto ocurriría.Es una muestra de ignorancia histórica y económica, además de osadía política, que la Sra. Cospedal acuse a los sindicatos de dañar a España. Han sido las fuerzas conservadoras representadas por la Sra. Cospedal las que han dañado enormemente a España durante toda nuestra historia y que fieles a esta tradición continúan ahora dañándola. Su falso patriotismo confunde la defensa de intereses partidistas de los grupos que representan (la banca, la gran patronal y las clases pudientes) con los intereses generales del país. El pasado y el presente de España muestran que tales intereses no coinciden. Son precisamente los sindicatos los que son auténticamente patrióticos, y que a lo largo de su historia, tanto durante la clandestinidad como durante la democracia, han luchado más para conseguir la libertad, la democracia y la expansión del bienestar de nuestra población, y ahora, coherentemente con esta historia, están luchando para impedir el desastre económico al que las políticas del gobierno nos conducirán, políticas que se están imponiendo para que los grupos financieros y empresariales, responsables del enorme retraso de España, consigan aumentar sus beneficios alcanzando los objetivos que siempre desearon y que hasta ahora no habían conseguido.  Y todo ello con la colaboración del partido de la Sra. Cospedal. Así, continúa la historia de España.   

FRANCISCO J. BASTIDA CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL

 

Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplaude de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión. 

 

Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status -y por eso se critica- la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público, sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho. 

 

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición. Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla. 

 

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad. Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva. Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición -que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo- no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos. En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta.

Francisco J. Bastida. 

Catedrático de Derecho Constitucional. 

Universidad de Oviedo.

                    
 

Calendario Escolar

<<  Mayo 2019  >>
 Lu  Ma  Mi  Ju  Vi  Sá  Do 
    1  2  3  4  5
  6  7  8  9101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

OFERTA EDUCATIVA 2019/2020

Banner

SERVICIOS EASDGC

Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner

REDES

Banner
Banner